Mamá con teletrabajo, conciliación, en casa, y, además perfectas y guapas, ¿es posible?…

Mar nos cuenta un día habitual en su vida…

Mi nombre es Mar, bueno, no es mi nombre real, pero como les voy a contar una experiencia real que creo que no será muy bien recibida, entenderán que no quiera exponer públicamente mi nombre. En fin, nunca he sido políticamente correcta.

¡Para eso tengo a @kandediaz que me centra cuando me voy… jajaja!!!!!

Desde el Estado de Alarma, soy mamá a pleno rendimiento, mamá de cinco hijos. Sí han leído bien: dos niñas y un niño, un perro y un marido, eso hace un total de 5 hijos.

Además, teletrabajo, y como me gusta ser responsable, normalmente hago más cosas de las que me corresponden.

Mis días empiezan sobre las 6:30 AM, es el único momento para ducharme en condiciones, preparar desayunos, comida, y silenciar al perro que ya está dando la lata.

Como muy tarde, a las 7:30 ya tengo a la prole despierta y activa. En pleno rendimiento. Salvo a mi quinto hijo, que es una marmota. Me he planteado más de una vez tirarle un vaso de agua por encima, pero me asaltan las dudas sobre el tipo de ejemplo que estoy dando a mis niñas.

Como también me ha dado tiempo de encender ordenador y leer a toda prisa e-mail que hayan llegado de noche, aprovecho el momento en que las peques desayunan para yo empezar a trabajar. Mis peques tienen dos, tres y cinco años. Con lo que el desayuno y la tranquilidad duran poco. Así que me paso el día corriendo entre el portátil y las niñas.

Como tenía poco, tengo un colegio maravilloso, increíble, que nos sigue cobrando las cuotas y de regalo me mandan una programación diaria para las dos niñas que ya están en el cole. ¡Soy súper afortunada!. Encantadísima porque además el cole lo elegí yo.

Yuhuuuuu, soy profe además de mamá y teletrabajadora. Pero bueno, lo del cole está chupado. Cada tutora me manda la programación como quiere. Esto significa que cada día recibo entre 3 ó 4 comunicados (aunque he llegado a tener más de 10), además hay que visualizar no sé cuántos vídeos, a esto unimos tarea en un formato que solo hay que descargar, pasar a Word, imprimir, conseguir que las hagan en base a las instrucciones que se nos dan, y luego escanear y mandarlas a las respectivas tutoras, ah, y también psicomotricidad, teatro, baile, manualidades,… Sólo he tenido que comprar tinta de impresora, paquetes de folios, pegamento, rotuladores, creyones, tijeras, pegatinas, gomets, pintura, pinceles,…y rezar al Espíritu Santo y demás divinidades para que me den una cosa que se llama… déjenme recordar… ah sí, lo tengo: ¡PACIENCIA!. Ay que risas.

Bueno pues así entre reuniones por videoconferencia, llamadas, e-mail, informes, aprovecho a que mi quinto hijo, que está en ERTE para que se quede un rato con la prole. Lo cual me da unos momentos maravillosos de tranquilidad, encerrada en mi micro despachito, escuchando gritos diversos: “Papi, ya no eres mi amigo”, y su papi: “pues yo tampoco quiero ser tu amigo”, “mamiiiiiiiii, mamiiiiiiiii, mamiiiiii,…. Ruido, y más ruido… y yo hiperventilando y silenciando el móvil para que la conferencia telefónica que tengo con la Cúpula Directiva no se note ni escuche mi estado actual. Así que pendiente de todas las instrucciones que me dan, avanzo por el pasillo a consolar, ordenar, coordinar la zona de combate, mientras vuelvo a rezar a todas las divinidades para que no me pregunten nada y tener que volver a activar el micrófono.

Después de esto, sólo tengo antes de colgar, hacer un resumen y propuesta de mis nuevas tareas, dar un compromiso de cumplimiento, o sea, PARA YA YA YA, volver a zona de combate, relajar el ambiente, y mirar la hora, porque ya es mediodía y no hemos puesto la comida.

Y entonces, veo que todos se han olvidado de mi cuarto hijo, que no ha aguantado más y ha tenido que hacer pipi en una esquina. Respiro, respiro, respiro. No sé si estoy en confinamiento o de parto otra vez.

Organizo almuerzos, todos tranquilos, yuhuuuuuu… yo puedo comer más tarde, voy a aprovechar este ratito para avanzar en el trabajo. Y vaya sí avanzo, a todo meter, porque la tranquilidad durará poco. Pero tengo un plan B, dibujitos para las más grandes, y al pequeñajo de dos, me lo traigo al despacho y le canto mientras sigo trabajando. Es fácil, tengo una técnica infalible. Lo recuesto sobre mí y sólo trabajo con una mano, y silencio móviles… sigo rezando.

Y sí, me dan ganas de llorarme siento mala madre. Y cuando se duerme, es una paz que aprovecho para seguir trabajando. Y me he olvidado de almorzar. Entonces el hambre me mata. Me voy a la cocina y me olvido de las técnicas de ansiedad, porque además he abandonado mis sesiones de psicología porque no me da la vida.

Y así el resto del día sigue fluyendo, sólo he tenido que cambiar pañales, lavar ropa, recoger, mi quinto hijo agobiado también, los niños descontrolados y saltando por toda la casa, sólo han pintado las paredes y han tirado por el WC un par de muñecos…

Así que ya solo me queda poner lavadora, recoger, limpiar las paredes, y seguir rezando.

Entonces, como tampoco estoy trabajando “a tiempo completo” jajajajaaja, sólo unas 10 horas diarias, me he inscrito en algunos cursos porque si hay algo que no soporto es ser una mala profesional. Y para ello, sigo estudiando y reciclándome de forma continua.

Y bueno, he decidido que además de rezar, necesito buscar alguna solución alternativa, porque hace un rato tuve una experiencia realmente asombrosa: HE SIDO POSEIDA POR UN LEÓN… en primer lugar, escuché un rugido ahhhhhhhhhhhhhhhhh, pero es que después, ME HA POSEIDO UNA TIPA QUE NO CONOZCO que gritaba: No puedo mássssss, y luego, se ha puesto a llorar, pero ¿quién es esa?

Pero, ¿de qué se queja esta Señora?, si sólo está en pie desde las 6:30 de la mañana, va a hacer pipi con compañía diminuta constante, además trabaja, cocina, se encarga de la casa y 5 hijos, FUERTE DESAGRADECIDA.

En fin, así que me siento en soledad un minuto porque, con completa sinceridad, me da miedo que llamen a un exorcista, perder el trabajo y que me odien mis niños (que es lo que más quiero en esta vida), porque ahora mismo me odio hasta yo.

Necesito a mi amiga y psicóloga, que nunca me juzga, que me ayuda y, sobre todo, me aporta ideas, técnicas, y, sobre todo, que me recuerda que no tengo 5 hijos, sino 3. Pero que aún teniendo sólo 3, esto es mucho Señores, es mucho!

Encima, me consuela mucho mirarme al espejo, donde no reconozco ni a mi cuerpo, ni a  mi cara de oso panda con unas ojeras negras que me llegan a la boca…

Y me sigo sintiendo culpable, desolada, con un nudo en el estómago y un dolor continuo en la cabeza.

Lo poquito que salgo a la calle, voy en chándal, ayer me di cuenta que tenía la blusa manchada cuando me paró la policía sin documentación y con las niñas grandes dando un paseo. Necesitaba tanto salir que el kilómetro me lo dejé unos 3 kms atrás. Fue una situación divertida.

Así que volví a casa, cabizbaja, pero con dos niñas felices. Sí felices. Felices porque su mamá había salido a pasear con ellas. Que al llegar me dijeron que me querían mucho y que yo soy su mejor amiga. Y ya no sé ni lo que escribo porque las lágrimas no paran.

La realidad, es que soy una SUPER MAMA. Que no tengo prácticamente ayuda. Que si no fuera esta situación, la realidad es que el peso de todo recae siempre sobre mí. Que por el camino voy logrando que mi quinto hijo se convierta en padre y marido. Que gestiono mi trabajo de una manera magnífica, aunque no siempre se valore. Que las mujeres hemos avanzado mucho, pero con muchos sacrificios. Y que además, soy una valiente, capaz de mirarme a mí misma y no conformarme, de dar valores a mis hijos y tratar que no se me note la ansiedad. De tratar de no sentirme culpable por trabajar porque con un sueldo no nos llega ni para comer.

Y lejos de esconderme en fotos de una alegría irreal, de mentir, de presumir por una vida que no existe, yo me muestro tal y como soy. Seguramente soy una tonta por ello, pero lo que sí soy es una VALIENTE, LUCHADORA y BUENA PERSONA. No me gusta esconderme ante una falsa apariencia, no me gusta autoengañarme, y por ello, trabajo duro conmigo misma, y no me conformo a ver pasar el tiempo. Pido ayuda en pocas ocasiones, pero sí a las personas en las que confío, y sobre todo, en aquella que me asesora y me guía de forma profesional a desarrollarme y a ser cada día mejor.

escribo esto, porque sé que hay más mujeres en mi situación. A todas ellas va este post dedicado. No se sientan mal por rendirse a veces, por llorar, por perder los nervios, por no ser perfectas, delgadas, guapas. Siéntense bien por todo lo que hacen, y no permitan que nadie las infravalore.

De corazón…